EXPOSICIÓN ACTUAL

DANIEL BLANQUER

Un  aspecto  fundamental  del  trabajo  es  el  soporte  y  cómo  este  determina  lo  que  hago,  y simultáneamente, cómo la propia pintura me ha ido guiando precisamente a su elección.  El soporte no es un mero lugar donde suceden cosas, no es un escenario de fondo. Forma parte de lo que sucede, de por qué sucede y de cómo sucede. En mi caso, el soporte sobre el que trabajo es la madera, concretamente DM. Este material en su relación con mi pintura ofrece factores  que  llevaba  tiempo  buscando: Resistencia,  incomodidad  y  fragilidad.  Ofrece resistencia y por lo tanto se trabaja desde la incomodidad y esto genera una extraña idea de fragilidad.  El  lienzo,  el  papel  y  en  general  los  materiales  clásicos  de  las  Bellas  Artes,  son materiales  amables.  Reciben   la  pintura  y  se  engarzan  con  ella  con  absoluta  facilidad.  Su destino  es  ese,  ser  pintados,  ser  trabajados.  El  DM,  sin  embargo,  está  pensando  para interponerse entre las cosas, separarlas y aislarlas. Es un material que repele en gran medida todos los materiales con los que trabajo. Esto hace que la pintura sea siempre el resultado de una intensa y prolongada lucha entre el soporte y yo mismo. La pintura, de esta manera, se sitúa en un territorio incómodo, entre una espada y una pared. O casi entre dos espadas. Un soporte que la rechaza de forma constante y yo, que trato de imponerla. Imponerla desde la reflexión  y  la  insistencia  física.  Porque  hay  que  insistir  tremendamente  en  ella  para  que empiecen  a  suceder  las  cosas.  La  imagen  siempre  aparece  a  medida  que  se  afianza  en  la propia  mirada  y  empieza  a  consolidarse  en  el  propio  soporte.  Insistir,  capa  a  capa,  para sostener  en  un  delicado  equilibrio  la  imagen.  Enmascarar  y  arrepentirse,  para  desvelar  y afianzarse. En esa tensión y fragilidad, en esa búsqueda de lo rotundo desde lo quebradizo; ahí quiero situarme como pintor.